¡Bésame con los besos de tu boca!
¡Porque más embriagantes que el vino
son tus amores!
Suave es el perfume de tus bálsamos…
Tu nombre va manando de aceites aromáticos…
¡Por eso te aman las doncellas!
¡Llévame tras de ti… Partamos!
El rey ya me hizo entrar en sus aposentos,
pero sólo contigo nos pondremos alegres,
pues más que el vino recordaremos tus amores.
¡Y es que con razón eres amado
por toda la gente!
Cantar de cantares de Salomón Fray Luis de León Javier San José Lera (Ed. lit.) (Fragmento seleccionado por la profa. Oralia Meléndez) 1. Béseme de besos de su boca. Ya dije que todo este libro es una égloga pastoril, en que dos enamorados, Esposo y Esposa, a manera de pastores se hablan y se responden a veces. Pues entenderemos que en este primer capítulo comienza a hablar la Esposa, que habemos de fingir que tenía a su amado ausente, y estaba de ello tan penada, que la congoja y deseo la traía muchas veces a desfallecer y desmayarse. Como parece claro por aquello que después, en el proceso de su razonamiento, dice, cuando ruega a sus compañeras que avisen al Esposo, de la enfermedad y desmayo en que está por sus amores, y por el ardiente deseo que de velle tiene. Que es efecto naturalísimo del amor, y nace de lo que se suele decir comúnmente, que el ánima del amante vive más en aquel a quien ama que en sí mismo. Por donde, cuanto el amado más se aparta y ausenta, ella, que vive en él por continuo pensamiento y afición, y le va siguiendo, tanto menos comunica con su cuerpo, y, olvidándose de él, le deja desfallecer y desampara y forceja por desatársele totalmente si le fuese posible; y no puede tan poco que, ya que no rompa las ataduras, no las enflaquezca sensiblemente; de lo cual dan muestra la amarillez del rostro, y la flaqueza del cuerpo, y desmayos del corazón, que proceden de este enajenamiento del alma. Que es también todo el fundamento de aquellas quejas de que siempre usan los aficionados, y los poetas las encarecen y suben hasta el cielo, cuando llaman a lo que aman «alma suya», y publican haberles sido robado el corazón, tiranizada su libertad, puestas a saco-mano sus entrañas. Que no es encarecimiento o manera de bien decir, sino verdad que pasa así, por la manera que tengo dicha; y así la propia medicina de esta afición, y lo que más en ella se pretende y desea es cobrar cada uno que ama su alma, que siente serle robada; la cual, porque parece tener su asiento en el aliento que se coge por la boca, de aquí es el desear tanto y deleitarse los que se aman en juntar las bocas y mezclar los alientos, como guiados por esta imaginación y deseo de restituirse en lo que les falta de su corazón, o acabar de entregarlo del todo. Queda entendido de esto con cuánta razón la Esposa, para reparo de su alma y corazón, que le faltaba por la ausencia de su Esposo, pide para remedio sus besos, diciendo: Béseme de besos de su boca. Que es decir, «vivido he hasta agora y sustentádome con vanas esperanzas; visto he muchas promesas de su venida, y muchos mensajes recibido; mas ya el ánimo desfallece y el deseo vence; sola su presencia y el regalo de sus dulces besos es lo que me puede guarecer. Mi alma está con él y yo estoy sin ella hasta que la cobre de su graciosa boca, donde está recogida». Y no hay que pedille vergüenza en este caso, que el mirar en estos achaques es de flaqueza de aflicción: que el amor grande y verdadero rompe con todo y muéstrase tan razonable y conforme al entendimiento del que ama, que no le da lugar para imaginar que a nadie le pueda parecer otra cosa. Dice, pues: Béseme de besos de su boca; que, atenta la propiedad de su original, se diría bien en castellano: Béseme con cualesque besos; en que da a entender lo mucho que desea la presencia de su Esposo y lo mucho en que la precia, pues para la salud de su desmayo, que es tan grande, no pide besos sin cuenta, sino cualesque besos. Que buenos son tus amores más que el vino. Viene esto bien a propósito de su desmayo, cuyo remedio suele ser el vino. Como si imaginásemos que sus compañeras se lo ofrecían, y ella lo desecha y responde: «El verdadero y mejor vino para mi remedio, sería ver a mi Esposo». Así que, conforme a lo que se trata, la comparación hecha del vino al amor es buena; demás de que en cualquier otro caso es gentil y propia comparación, por los muchos efectos en que el uno y el otro se conforman. Natural es al vino, como se dice en los Salmos y en los Proverbios, el alegrar el corazón, el desterrar de él todo cuidado penoso, y el henchille de ricas y grandes esperanzas; hace osados, seguros, lozanos, descuidados de mirar en muchos puntos y respetos a aquellos a quien manda; que todas ellas son también propiedades del amor, como se ve por la experiencia de cada día, y se podría probar con muchos ejemplos y dichos de hombres sabios, si para ello nos diera lugar la brevedad que tenemos prometida.
Recuperado de:
EL CANTAR DE LOS CANTARES
https://campus.usal.es/gabinete/comunicacion/CantarCantares09.pdf
Recuperado de:
Cantar de cantares de Salomón / Fray Luis de León; editor literario ...
Cantar de cantares de Salomón · Prólogo · Cantar de cantares · Capítulo primero · Declaración · Capítulo segundo · Declaración · Capítulo tercero · Declaración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario